Reflexiones de Año Viejo, Propósitos de Año Nuevo

Queda poco tiempo para que acabe el año y en estas últimas horas, como el que más, los recuerdos de los acontecimientos vividos a lo largo de él van bailando, al ritmo de su propio son, en mi mente y en mi corazón. Quizás lo que más llama mi atención en esta ocasión, en la observancia de experiencias propias y ajenas, es la desconexión con la que “vivimos”. Sí, “vivimos”, entrecomillado, porque una vida desconectada es solo la simulación de una vida.

La verdadera trampa: creemos sentir nuestro corazón,
pero realmente es un sentimiento emulado por la mente.
Por eso no hay resultados, porque seguimos en la vida virtual

¿Cuántos momentos habéis saboreado, habéis degustado empapándoos de cada instante, tanto en alegría como en dolor, en ilusiones o logros? Queremos cambiar el mundo, queremos cambiar nuestra vida, llenamos la copa de Año Nuevo con una larga lista de propósitos. Luego la frustración… Pero no nos paramos a pensar ¿qué ocurre para no poder cambiar? Y la respuesta es tan sencilla… Lo creado en la mente se hace realidad en la mente, lo creado en unidad del Ser se hace realidad en la esfera del Ser. 

Pasamos por la vida de puntillas, sin implicarnos realmente en ella. Hemos aprendido a desarrollar múltiples estrategias para dejar a un lado sentimentalismos y llegar a ser eso que se espera de nosotros: un individuo de provecho. Pero ese individuo de provecho es una falacia que a nadie aprovecha: ni a la sociedad ni a la persona en sí. Cualquier persona que ocupa un puesto a disgusto, por necesidad o conveniencia o cualquier otro motivo externo jamas logrará ni el rendimiento ni la excelencia de aquel que lo ocupa por vocación. Y mucho menos hablemos ya de la satisfacción personal. Igual pasa con los grupos de amigos, con la pareja… elegidos todos más o menos conscientemente según los parámetros sociales adecuados para lo que se espera de nosotros. La cuestión es que toda esta “vida” es una parodia de la vida real, creada por nuestra mente que es donde se crean los sistemas de valores y juicios de valor; valores que fueron originados en un principio para asegurar una convivencia pacífica y organizada y que, llevados al extremo, se convierten en nuestro verdugo. Y hemos aprendido tan bien a manejar estas herramientas que incluso somos capaces de simular emociones. Y ésta es la verdadera trampa: creemos sentir nuestro corazón, pero realmente es un sentimiento emulado por la mente. Por eso no hay resultados, porque seguimos en la vida virtual.

Vivir desde el corazón implica un trabajo profundo de introspección en uno mismo.
Si nos quedamos en la superficie, jamás redescubriremos quienes somos y, por tanto,
que necesitamos realmente para ser felices.

Vivir desde el corazón implica un trabajo profundo de introspección en uno mismo, sencillamente porque nos hemos llenado de corazas para no sufrir o no mostrarnos como realmente somos. Si nos quedamos en la superficie, jamás redescubriremos quienes somos y, por tanto, que necesitamos realmente para ser felices. Esta reconexión con uno mismo implica una reconexión con el planeta en el que vivimos. Nada somos sin él pues dependemos de él para sobrevivir: el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, los recursos minerales para los materiales que fabricamos… ¿Recordáis ese dicho: “No muerdas la mano que te da de comer”? No hay mano más mordida que nuestra Tierra. Y seguirá siendo mordida mientras no recuperemos la hermandad con ella que perdimos hace tanto, tanto tiempo… Demasiado tiempo…

Y los miedos, ¿los miedos, qué es eso?…

Os propongo algo muy sencillo para este Nuevo Año nuevo y que solo os llevará unos segundos: inspirad profundamente tres veces, sentid en cada inspiración el aire entrando en vuestros pulmones y dad gracias por la vida que recibís. Podéis alargar el ejercicio mientras paseáis por el campo o la playa o un parque. Este es uno de los primeros pasos para reconectarse con uno mismo y con nuestra Madre Tierra. A partir de aquí, podréis ir trabajando en esa introspección para llegar a vuestro Corazón, a su centro, a su esencia, no a su superficie. Y cuando logréis entrar, entonces se hará la Luz en vuestro interior y volveréis a convivir en este hermoso planeta, desarrollando todo vuestro potencial, disfrutando de eso que tanto anhelamos: una existencia dichosa y plena. Y vuestros propósitos serán realidad porque son creados en la unidad del Ser con el planeta que habita.  Y los miedos, ¿los miedos, qué es eso?…

M.Rosario

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