Ritual Noche vieja 2017

Un año más nos sentamos  a la mesa para despedir al viejo año y dar la bienvenida al nuevo. 2018 es un año maestro que nos pone a cada uno justamente  donde por designio divino debemos estar. Si ya estamos alineados con nuestro propósito de encarnación, el año será productivo y nos ayudará a sentar firmes bases para nuestro progreso; si no lo estamos, surgirán sorpresas que nos reconducirán a nuestro sendero de vida. El año comienza además en luna creciente, con lo cual se favorece el desarrollo de proyectos. Este es el último año del ciclo de limpiezas y reajustes. Las semillas que hayamos plantado en estos últimos tres años y, sobre todo en 2018, comenzarán a dar fruto a partir de 2019.  Así que afinad bien el lápiz y ajustad la letra pequeña de vuestros deseos y propósitos para que la cosecha sea la esperada.

Comparto con vosotros el ritual correspondiente a este año:

Objetos para el ritual

  • Una vela dorada
  • Una vela roja
  • Sal gorda
  • Arroz
  • Lentejas
  • Canela en rama (3 ramas)
  • Cinta roja
  • Flores de Pascua
  • Bandeja blanca, dorada o roja.
  • Cuenco metálico o de barro
  • Papel
  • Bolígrafo o lápiz

Preparación

  1. Fijamos en la bandeja las velas y esparcimos por el fondo el arroz y las lentejas; la sal la esparcimos formando un círculo de protección por el borde de la bandeja. Mientras lo esparcimos, tomamos conciencia de estar construyendo una base sólida de prosperidad.
  2. Colocamos las flores de pascua adornando al gusto. Simbolizan el crecimiento y el florecimiento de nuestros proyectos.
  3. Atamos las ramas de canela con la cinta roja, son los lazos de amistad, hermandad, filiales y de pareja. Lo enlazamos con amor y respeto, construyendo unos lazos firmes que enriquezcan a todos.
  4. La bandeja se coloca en el centro de la mesa. Al lado, el cuenco vacío.

Desarrollo del ritual

 En cualquier momento del día, tomad el papel y el lápiz y escribid todo aquello que queréis desarrollar, lo que queréis construir en vuestra vida. Expresadlo con palabras sencillas y claridad. Recordad que debe pertenecer a vuestra esfera personal. Por ejemplo:desarrollo de mi vocación…; relaciones de amistad sinceras….Doblad el papel y guardadlo hasta la noche.

Durante la cena, prended la vela dorada mientras recitáis: así como prende esta vela, prende la prosperidad en mi vida. Tomad la vela roja y encendedla con la vela dorada mientras recitáis: la prosperidad prendida se hace ahora realidad en mi vida.

Unos minutos antes de la doce abrid las ventanas, al menos las principales de la vivienda, para que el cambio energético se de en vuestro hogar. Dejad en la mesa comida y bebida, evitad que haya platos y vasos vacíos, salvo las copas de champan que se llenarán con el Año Nuevo. Tomad las uvas sentados alrededor de la mesa o de pie, en círculo, alrededor de la bandeja con las velas.   Dad una felicitación sincera, es la certeza de felicidad lo que nos ayudará a superar las vicisitudes  que se presenten, aceptando la enseñanza de la experiencia. Quemad los papeles prendiéndolos en la vela roja. Depositadlos en el cuenco para que ardan allí. Mientras se queman, tomad conciencia de que cuanto habéis escrito se está activando con  el fuego. Y sobre todo, agradeced, desde el segundo uno, cuanto el año os depara, pues todo, absolutamente todo nos ayuda a crecer, aunque a veces no lo entendamos. Demos tiempo al tiempo. Normalmente la perspectiva de los años logra explicar lo que ahora es inexplicable.

M. Rosario

Reflexiones de Año Viejo, Propósitos de Año Nuevo

Queda poco tiempo para que acabe el año y en estas últimas horas, como el que más, los recuerdos de los acontecimientos vividos a lo largo de él van bailando, al ritmo de su propio son, en mi mente y en mi corazón. Quizás lo que más llama mi atención en esta ocasión, en la observancia de experiencias propias y ajenas, es la desconexión con la que “vivimos”. Sí, “vivimos”, entrecomillado, porque una vida desconectada es solo la simulación de una vida.

La verdadera trampa: creemos sentir nuestro corazón,
pero realmente es un sentimiento emulado por la mente.
Por eso no hay resultados, porque seguimos en la vida virtual

¿Cuántos momentos habéis saboreado, habéis degustado empapándoos de cada instante, tanto en alegría como en dolor, en ilusiones o logros? Queremos cambiar el mundo, queremos cambiar nuestra vida, llenamos la copa de Año Nuevo con una larga lista de propósitos. Luego la frustración… Pero no nos paramos a pensar ¿qué ocurre para no poder cambiar? Y la respuesta es tan sencilla… Lo creado en la mente se hace realidad en la mente, lo creado en unidad del Ser se hace realidad en la esfera del Ser. 

Pasamos por la vida de puntillas, sin implicarnos realmente en ella. Hemos aprendido a desarrollar múltiples estrategias para dejar a un lado sentimentalismos y llegar a ser eso que se espera de nosotros: un individuo de provecho. Pero ese individuo de provecho es una falacia que a nadie aprovecha: ni a la sociedad ni a la persona en sí. Cualquier persona que ocupa un puesto a disgusto, por necesidad o conveniencia o cualquier otro motivo externo jamas logrará ni el rendimiento ni la excelencia de aquel que lo ocupa por vocación. Y mucho menos hablemos ya de la satisfacción personal. Igual pasa con los grupos de amigos, con la pareja… elegidos todos más o menos conscientemente según los parámetros sociales adecuados para lo que se espera de nosotros. La cuestión es que toda esta “vida” es una parodia de la vida real, creada por nuestra mente que es donde se crean los sistemas de valores y juicios de valor; valores que fueron originados en un principio para asegurar una convivencia pacífica y organizada y que, llevados al extremo, se convierten en nuestro verdugo. Y hemos aprendido tan bien a manejar estas herramientas que incluso somos capaces de simular emociones. Y ésta es la verdadera trampa: creemos sentir nuestro corazón, pero realmente es un sentimiento emulado por la mente. Por eso no hay resultados, porque seguimos en la vida virtual.

Vivir desde el corazón implica un trabajo profundo de introspección en uno mismo.
Si nos quedamos en la superficie, jamás redescubriremos quienes somos y, por tanto,
que necesitamos realmente para ser felices.

Vivir desde el corazón implica un trabajo profundo de introspección en uno mismo, sencillamente porque nos hemos llenado de corazas para no sufrir o no mostrarnos como realmente somos. Si nos quedamos en la superficie, jamás redescubriremos quienes somos y, por tanto, que necesitamos realmente para ser felices. Esta reconexión con uno mismo implica una reconexión con el planeta en el que vivimos. Nada somos sin él pues dependemos de él para sobrevivir: el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, los recursos minerales para los materiales que fabricamos… ¿Recordáis ese dicho: “No muerdas la mano que te da de comer”? No hay mano más mordida que nuestra Tierra. Y seguirá siendo mordida mientras no recuperemos la hermandad con ella que perdimos hace tanto, tanto tiempo… Demasiado tiempo…

Y los miedos, ¿los miedos, qué es eso?…

Os propongo algo muy sencillo para este Nuevo Año nuevo y que solo os llevará unos segundos: inspirad profundamente tres veces, sentid en cada inspiración el aire entrando en vuestros pulmones y dad gracias por la vida que recibís. Podéis alargar el ejercicio mientras paseáis por el campo o la playa o un parque. Este es uno de los primeros pasos para reconectarse con uno mismo y con nuestra Madre Tierra. A partir de aquí, podréis ir trabajando en esa introspección para llegar a vuestro Corazón, a su centro, a su esencia, no a su superficie. Y cuando logréis entrar, entonces se hará la Luz en vuestro interior y volveréis a convivir en este hermoso planeta, desarrollando todo vuestro potencial, disfrutando de eso que tanto anhelamos: una existencia dichosa y plena. Y vuestros propósitos serán realidad porque son creados en la unidad del Ser con el planeta que habita.  Y los miedos, ¿los miedos, qué es eso?…

M.Rosario